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La mayor virtud de José Luis Perales.
"Pues yo no tengo muchas virtudes. Si virtud se puede llamar a la sinceridad, creo que tengo esa virtud a pesar de que a veces no se puede ser demasiado sincero. No sé si es un virtud o será un defecto. Ya estoy pensando si será un defecto. Mi mujer me dice hablas demasiado. Y si ella lo dice, sabes que es verdad.

¿Y el defecto?
Defectos tengo muchos. Serían innumerables. Soy un ser muy imperfecto, no te puedo decir uno concreto, soy muy imperfecto.

¿Qué recuerdo le trae el vestido gris?
"Y como es el" (Risas). El vestido gris me recuerda que cuando le canté a mi mujer esa canción, a ella no le gustó nada, que en aquella época ella justamente había comprado una colección de vestidos grises y le hice la faena porque realmente después de la canción, después de que la señalaban como la protagonista de Y como es él, que la pobrecita no tenía nada que ver con esa historia, dejo de ponerse sus vestidos grises. Claro que cuando le pasó el disgusto, ya volvió a vestir gris porque es su color favorito.
El gris también me recuerda un poco a mis canciones. El cielo gris sigue siendo un tópico, aunque yo abuso de él pues mis hijos me lo censuran. "Papá, cielos grises ya no más, gaviotas no, por favor, gorriones por favor no". Entonces ya tengo unos verdugos tremendos.


 
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¿Cómo le va con la escultura?
"Pues la verdad es que me encantaría que me fuera tan bien como a Botero, pero no. Porque soy bastante inconstante también y siempre ando cambiando de técnica. De pronto a mí me encantó Henry Moore y fue el escultor al que yo quise adular al principio pero para llegar a ser Henry Moore hay que ser muy figurativo primero para llegar a esa especialidad de superación. Al final, después de no llegar a nada, la naturaleza fue mi fuente de inspiración y le copiaba las formas y la verdad es que disfruté muchísimo. Al final acabé haciendo mi autorretrato yo, fíjate que cosa más vanidosa. Me pasé tres meses mirándome al espejo de frente y con dos laterales hasta que conseguí hacerme un autorretrato y lo tengo en bronce. Resulta que a mi no me parezco en nada y, ¿qué hago con el bronce ahora? Así que creo que lo voy a poner en un rincón de mi jardín, debajo de la higuera, así un poco discreto, para que no se vea mucho. Pero sigo teniendo una gran afición a la escultura. Y creo que voy a reanudar, ahora, de nuevo el trabajo ese."

¿Qué pasa con el rojo nariño?
"El rojo nariño es un color mágico que yo descubrí, justamente aquí, en Colombia y que está compuesto por óleos óxidos. Me parece que es arcilla roja, óxido de hierro negro, óxido de hierro rojo, no sé si caolín y todo mezclado con goma. Bien tamizado y bien deshecho viene un tamiz que se convierte en el óxido que usaban la civilización nariña para sus vasijas. Y una vez dado el rojo con el barro en crudo, pues se bruñe con piedras de jade, instrumentos que compré en Bogotá hace muchos años y que me ha enseñado mi amiga Amparo, que es una escultura estupenda de aquí.
Además que conseguí el rojo nariño perfecto. Me costó unas cuantas comunicaciones con ella ...y al final, yo que cosía mi horno en Madrid, ella me decía a tal temperatura hasta que por fin salió el rojo nariño, casi casi parecido al de ella.

 
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Muchos éxitos con ese disco.
"Muchas gracias."